viernes, 27 de abril de 2012


Una mirada infantil

Caminando en la calle podemos descubrir muchas cosas, hasta las mas simples se vuelven asombrosas con otra mirada, otra perspectiva una mas infantil se podría decir. Los niños poseen esa capacidad extraordinaria de sorprenderse tan fácilmente, incluso lo ya visto se vuelve impresionante ante sus inocentes ojos. 
Retomando este concepto decidí ver de otra manera la calle, caminar con otro sentido, uno mas sensible, y si efectívamente me sorprendí. Primero observe las hojas de otoño que caídas en el suelo hacían un duro colchón para los vagabundos que duermen a la intemperie, en este horrible frió. Observarlos con una mente mas impresionable fue la peor manera de verlos, fue preguntarme tantas cosas, que mi mirada hacia ellos cambiase completamente. Después los pajaros, ay los pájaros, tantos eran tantos, por todos lados. Animales salvajes que se posaban sobre los arboles y edificios en busca de refugio o comida, ¿que tan diferente son de nosotros? La gente sus colores, vestimentas festivas aun en los días mas oscuros. Caminando, corriendo, trotando, manejando. Manejando si, como autos. A este punto mi realidad había cambiado de una manera...Somos todos transportes de nosotros mismos nuestras piernas las ruedas y el aire nuestro combustible. Vamos tranquilos en las calles libres, esquivando en las veredas con trafico. Nos enojamos cuando hay algún señor o señora mayor llendo a su paso, despacio. Tocamos bocina, gritamos en ocasiones. La vereda es nuestra vía humanovilistica, y para el colmo no tiene señales de transito () El suelo, sus cuadros y pinturas, esas marcas que van dejando los pies, las manchas, las suciedad, la antiguedad. Que genial la cantidad de historias que podrían contar. Las vidrieras, ah la ciudad. No soy una gran fanática de la ciudad pero sin dudar es lo mejor para una mente abierta. Dejarse impresionar, si un gran consejo. Convertir solo con una acción todo nuestro entorno por mas que siga siendo el mismo. Empezar a verlo de otra manera, empezar a verlo de verdad, y así cambiar a nuestro gusto lo real a surreal. Una mirada de niños es lo que necesitamos de vez en cuando.

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